De vuelta a casa…

El miércoles, 21 de agosto, comenzamos hacia media noche nuestro largo viaje de vuelta a casa. Despegue de Yaundé, escala en Duala, viaje largo (7 horas) a Estambul, otras ocho de espera en el aeropuerto, vuelo hacia Madrid, recena en Barajas y viaje en el autobús hasta casa, donde llegamos a las 5:30 de la mañana del viernes 23. Muy cansados, pero muy contentos. El único inconveniente fue unos mareos que Susana sufrió la primera noche, pero se fue recuperando. El trato de Turkish Airlines, el servicio y la comida, excelentes (y, por mucho, lo más barato que hay para llegar a Camerún desde Europa).

Hoy, domingo 25, ha sido la fiesta de San José de Calasanz, y nos hemos unido a los escolapios en el Colegio Cristo Rey. Allí estaban también Javier Negro,  Justine Ghani (que nos acogió en Bamendjou la primera noche) y George Ndim (que ha sido operado estos meses en Zaragoza), para servir de colofón a este viaje que cierra así su círculo por donde comenzó.

Cantando jotas con Mariano Grassa, Pedro Sanzol, José Antonio Gimeno y otros amigos escolapios, damos gracias por estar aquí de vuelta.

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Los primeros cristianos de Nkwen en 1919

Cercana ya nuestra partida, quiero compartir algo que he ido preparando hace semanas traduciendo la historia de la misión que publiqué en 1996 y que celebra una iglesia que nace de los mismos cristianos de Nkwen y no del esfuerzo misionero de los europeos.

Os incluyo aquí los murales de la iglesia de Futrú sobre la historia de su fundación.

También incluyo algunas fotos que tomé el año pasado en una exposición sobre los alemanes que salieron de Camerún y se asentaron en Zaragoza. Esta historia la publicó en un libro Sergio del Molino (“Soldados en el jardín de la paz”, Ed. Prames, Zaragoza, 2009), periodista del Heraldo de Aragón, con archivos fotográficos de la familia de Paul Bieger y otras fuentes.

Finalmente, hay unas fotos de un pequeño altar que edifiqué en el cementerio de Futrú en memoria de aquella valiente comunidad cristiana original.

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La llegada de la fe católica a Nkwen en 1919

Agosto de 1914 marcó el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Durante este período, el catolicismo era poco más que un rumor en las praderas del sur de Camerún. Los viajeros procedentes de diferentes pueblos de alrededor regresaban a casa y hablaban de una nueva religión, pero prácticamente nadie prestaba mucho interés. Luego vino la guerra y la noticia de un ejército británico invasor que avanzaba desde Nigeria a Camerún por el Oeste y el ejército francés desde el Este. Los soldados alemanes del fuerte de Bamenda (los cuarteles militares) decidieron trasladarse a Duala con sus armas, municiones y equipos. Se llevaron con ellos a muchos jóvenes de las “grasslands” (como se conoce a la región de Bamenda, por sus muchas praderas herbáceas). Allí, en Duala, fueron entrenados como soldados, conductores y mayordomos, y se convirtieron en parte del ejército alemán. Entre estos jóvenes había muchos de Nkwen.

Pronto llegó la noticia de los dos ejércitos aproximándose a Duala: el ejército francés desde el este y los británicos desde el oeste. Esto obligó al ejército alemán a escapar a la isla de Fernando Poo y nuestra gente de Nkwen se encontró navegando en el mar hacia una isla desconocida. Allí, en Fernando Poo (Bioko), precisamente en Santa Isabel (hoy Malabo). Algunos de ellos comenzaron a aprender allí la doctrina cristiana con cierto misionero alemán que llamaban Padre George. Después de dos años intensivos de catequesis, fueron bautizados y confirmados en la Iglesia Católica a principios de 1919, poco después del final de la guerra.

En septiembre de 1919, un grupo de unos veinte de estos cristianos recién bautizados regresó a sus hogares en Bafreng (como se llamaba entonces a Nkwen). El número exacto no se conoce con precisión. Algunos de ellos eran: Frida Ngenchie, Peter Mbuh, Matthias Alundah, Lucas Awasung, Joseph Muchuoh, Peter Ngongbadang, Peter Forti Tamasang, Anton Tamukong, Marcus Muma Achongwa, Justus Nkwenti, John Akuma, Thomas Njemcheo, John Ndifor, John Zanche, Jacob Mongu, Francisco Ndiashey, Victor Nkunteh, Andreas Fongang, Mark Ngufada y Benedict Taniform.

Este grupo de nuevos cristianos bautizados que llevaron la fe católica a Nkwen y la extendieron a otras zonas cercanas. Vale la pena reseñar que los que plantaron la fe en esta ciudad de Bamenda, todos ellos bautizados en Fernando Poo, eran analfabetos, simples soldados del ejército colonial alemán, algunos de ellos tan difíciles de carácter como cualquier soldado. Sin embargo, creían en la oración, la penitencia y la solidaridad entre ellos. Conocían la importancia del trabajo en comunidad y se organizaron en grupos en los diferentes barrios en los que vivían. Se reunían en sus casas para hacer en grupo la oración de la mañana, tras lo cual se les enseñaba a los recién llegados la doctrina que habían aprendido. Una de sus oraciones favoritas era el Rosario o la “sciatic”, el nombre alemán para ello. No tenían catequista oficial, sacerdote ni iglesia, pero se reunían en la casa de Peter Ngongbadang, que había sido bautizados con ellos y más tarde se convirtió en su líder. Recitaban las oraciones que habían aprendido de memoria, cantaban himnos y enseñaban la doctrina a un creciente número de espectadores que acudían a escuchar la Buena Nueva. Algunos de estos curiosos se inscribieron como catecúmenos oficiales. Entre este primer grupo de catecúmenos estaban Paul Muforza, Andreas Azumbi, Paul Ndale, Andreas Awantang, Domini Ngufor, Maria Lem, Menas Gum, Barnabas Ngangmi, Anthony Mbuh, Aloysius Ngufonfor, Pius Ndifor, Lucas Shitanbasi, James Muma Teton, James Mambo, Simon Ngangmi, Luke Bicharia y Henry Njemcheo.

El número de los catecúmenos se hizo tan grande que su Alteza Real Azefor II, el fon de Nkwen, ofreció a los cristianos el uso de una casa en su palacio donde habilitaron una pequeña iglesia. Así fue el origen de la primera iglesia católica en Nkwen. El mismo fon estaba muy interesado en lo que contaban y en ocasiones se quedaba escuchando desde la ventana. Pero, a medida que pasaba el tiempo, los paganos comenzaron a quejarse del apoyo del fon a este grupo por el temor de que sus esposas quisieran ser cristianas y huyeran de ellos dejando la poligamia. Llegados a este punto, Peter Ngongbadang fue con un grupo de cristianos cercanos al fon y le pidió que les diera una parcela de terreno propia. El fon accedió a su petición y les dio el actual sitio en Futrú (lugar que significa, “pequeño bosque de caza”), que se convirtió en la primera misión en las praderas del sur a principios de diciembre de 1919. Allí, en su nuevo emplazamiento, los cristianos de Nkwen celebraron la primera Navidad ese mismo año, sin un sacerdote ni un catequista, pero con mucha oración, cantos y alegría.

La Pascua se acercaba a principios de 1920 y algunos de los cristianos estaban ansiosos por cumplir sus deberes pascuales de confesión y comunión. El sacerdote más cercano estaba en Foumban. Algunos de los jóvenes más vigorosos viajaron hasta Foumban (a unos 150 kilómetros) para participar en la Santa Misa y recibir la Sagrada Comunión. Allí fueron atendidos por el padre William Luxembourg un sacerdote francés que fue a Foumban desde Dschang. Le convencieron para que regresara con ellos y le llevaron su cargamento al fuerte de Bamenda, pero durmió en el antiguo campamento militar de Nkwen, situado en el actual sitio del palacio del fon. Allí dijo misa y antes de irse a Shisong nombró a John Amungwa como catequista temporal. John Amungwa organizó la construcción del primer edificio de la iglesia en la nueva parcela de la misión. Esta fue la primera iglesia que se construyó en las praderas del sur (“grasslands”) y que fue una construcción de cañas de rafia con paredes de barro y techo de paja. Uno de los cristianos colgó un almanaque que había traído de Fernando Poo con la imagen de San Miguel Arcángel. Eso dio origen al nombre de la misión.

En diciembre de 1920, Monseñor Plissonneau, pasando por Bamenda en su camino a Shisong, durmió en el fuerte de Bamenda y celebró la primera misa en la nueva iglesia de Futrú-Nkwen. Durante su estancia en Shisong se comprometió a enviar un nuevo sacerdote para volver a abrir la parroquia Shisong (que estaba cerrada debido a la persecución cristiana de los Banso) y para continuar la evangelización del noroeste de Camerún. A principios de 1921, el Padre William Bintener llegó a Shisong. Una de sus primeras acciones como párroco fue enviar a Andreas Ngah de Shisong a ser el primera catequista oficial en Nkwen. Andreas Ngah fue asistente de Paul Tangwa, catequista principal de Shisong que, que durante la persecución que sufrieron los cristianos a manos de gente de Nso fue encarcelado durante cinco meses. Cuando Andreas Ngah comenzó a enseñar la doctrina en Nkwen, llegaron a él catecúmenos desde las cercanas tribus de Mankon, Bafut, Bambui e incluso Kom.

¿Serán chinas?

Bueno, por fin vuelvo a escribir.

Soy Daniel, y estamos en Yaundé, a unas 4 horas de marchar. No voy a escribir mucho porque en nada estaré en España y os lo podré contar.

En Kumbo nos lo pasamos genial, pues había un ping-pong y jugábamos al ajedrez todos los días. Un día que jugamos al fútbol con los novicios escolapios, casi me reviento el ojo de un balonazo. ¡Se me puso como un globo! También me salió allí un hongo en la barbilla, que no sé de donde me vino pues me salió mientras dormía. Lo bueno es que ya se me está curando.

Hay una cosa aquí en Yaundé que ha molado, y ha sido el mercado. Estábamos comprando algunos recuerdos en un mercader de artesanía y, la gente nos acribillaba diciendo: “¡Ven a mi puesto, ven!”. ¡Era mega agobiante estar allí!

Las sisters nos regalaron unas equipaciones de Camerún, y, para completarlo, papá y mamá nos han comprado en el mercadillo de Yaundé unas botas de tacos de Nike de las buenas que valen 60€ en España por… ¡¡¡23€!!! ¡Menuda ganga!! Dice Pedro que serán chinas y no durarán nada, pero son “Made in Italy” (dice Pedro que siguen siendo chinas…)

Bueno, adiós. ¡Nos vemos en España!

Campamento y Kumbo

Hola amigos y amigas, soy Sara y sigo en Camerún, aunque ya queda poco. Os voy a contar el campamento que hemos tenido mis hermanos y yo. Empezó Marta en darnos la pañoleta que teníamos que llevar, os voy a decir los colores de las pañoletas que tuvimos que llevar: el de de el grupo de Pablo rojo burdeos, Daniel rosa clarito, el mío violeta, y el de los demás verde de los dos colores, naranja, amarillo, fucsia, azul de los dos colores, morado y rojo. El primer día no sabíamos que teníamos que hacer, al segundo día nos empezamos a enterar un poco. Os voy a decir los nombres de los grupos: Pablo ángeles de diamante. (Mola el de Pablo) El de Daniel era Santa Maria Goretti. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Santa Maria Goretti, ja, ja, ja, ja, que pichurria el nombre de Daniel. El mío Violetas rojas (mola, eeeee.) Y el único que me acuerdo de los demás, Pechi pimá.

Lo que más me gustó fueron los bailes, los teatros y el ultimo día con la idea de la papá de encender el fuego: cantamos el bongó y vino una bola de fuego a la hoguera apagada que era una lata de fuego que iba por un alambre pero nadie lo sabía. Al bailar alrededor del fuego era todo súper bonito. Entonces Rauch era muy peligroso con los niños porque tiraba más petróleo al fuego y los niños allí cerca…

En Kumbo me hizo contar un chiste en la iglesia Evaristus. Me gustó pintar mandalas, ver el orfanato, la mansión en la que dormimos (¡¡era impresionante!!), el ping-pong,… La ultima noche cantamos, bailamos e hicimos muchas cosas divertidas…

Me ha costado despedirme de sister Marta, con Romeo y con Rauch. Les mando un besito desde aquí.

¡¡Nos vemos muy pronto en España!!

Lo más de lo más de Camerún

Lo más bonito de venir a Camerún es el estar con los niños y ver la felicidad en sus ojos al poder decir que han estado con un niño blanco que le ha llamado por su nombre y ha jugado con él.

Lo más delicioso de Camerún son los pinchitos de hígado de cabra en laminas y tostaditos que tomamos viniendo hacia Yaundé.

Lo más asqueroso de Camerún ha sido ver en Yaundé a un señor que vendía ratas muertas, supongo que para comerlas.

Lo más tradicional de Camerún son las misas pues todo el mundo canta y baila en el ofertorio.

Lo más extraño de Camerún es que mi padre me haya convencido de escribir un diario personal.

Lo más europeo de Camerún que he visto es el ping-pong de la casa de Kumbo.

Lo más sucio de Camerún ha sido jugar al futbol después de haber llovido pues acabamos siempre con poto-poto hasta las orejas.

Lo más aburrido de Camerún ha sido hacer este blog.

Lo más apestoso de Camerún ha sido el ´´Mercadona ´´ camerunés.

Lo más de lo más de Camerún ha sido el sentirte igual a la gente de aquí y que ellos compartan su felicidad contigo como si fueras uno más.

Besos a España.

Os vemos en tres días.

Pablo Yzuel

Basílica, catedral y rayo de esperanza…

Hemos estado en la Basílica de Nuestra Sra. de los Apóstoles de Mvolyé, una construcción muy moderna que se va convirtiendo en el gran corazón orante de la ciudad. Fue inaugurada hace siete años. En el exterior tiene unos murales de cerámica con escenas del evangelio de una belleza singular, y algunas imágenes interiores, como el Cristo Resucitado y la Virgen, muy bonitas. El sagrario, una bola dorada salida de no se sabe qué, es estéticamente original, pero no se sabe bien qué representa. Al santuario le falta, como a tantas iglesias en Camerún, sacerdotes que entienda bien de liturgia y no permitan, como aquí, que, en el centro del altar, algunos devotos hayan instalado ¡un altarcillo a la virgen de Fátima!

También hemos visitado la catedral de Yaundé, cuyo arzobispo acaba de ser destituido hace un mes por el Papa Francisco acusado por una gran parte del clero de tener todo un entramado de escuelas y negocios a su nombre. Un rayo de esperanza el que el nuevo Papa se esté empeñando en hacer algo con estos casos tan escandalosos. En el corazón del país, oramos para que la Iglesia católica camerunesa (¡y la española!) sea más profética y menos uncida al poder.

Yaundé

Yaundé es la capital de Camerún, una ciudad que se extiende por innumerables colinas que le dan un paisaje espectacular.

En las últimas dos décadas ha experimentado, como muchas ciudades de Camerún, un crecimiento exponencial, más que doblando su población. El problema es que apenas hay planificación urbana, por lo que las casas crecen como hongos, sin acceder a alcantarillado ni agua corriente (la electricidad enseguida llega) hasta mucho después de ser habitadas, con los consiguientes problemas de abastecimiento y sanidad.

Hay un “centro” de la ciudad más organizado (no se permite el paso de “okadas” o mototaxis), con algunos rascacielos y una zona comercial para gente rica junto al gran mercado, que está sin terminar desde tiempo inmemorial (aún están los andamios) pero, de cualquier modo, es usado por los comerciantes. El resto son decenas de barrios donde la vida se organiza a sí misma en todos los temas, en especial el del tráfico, algo casi milagroso en una urbe con cerca de un millón de habitantes en la que ver un semáforo es toda una novedad.

La ciudad, como Bamenda, Duala, Baffoussam y otras grandes ciudades, tiene varios alcaldes, según explican para conocer mejor los problemas de los barrios y resolverlos, aunque a mí me parece que es para que ningún gran alcalde pueda hacer sombra o competencia al presidente Paul Biya, que lleva sentado en el poder desde hace 32 años, dando “estabilidad” al país a base de una pseudodemocracia tribal que alimenta a una élite extractiva que medra a base de una gran corrupción administrativa. He aquí el gran problema de este país que, con sus recursos naturales y su gente maravillosa, podría ser un polo de desarrollo para todo el África Central.

Caminantes

Junto a la carretera, mientras avanzamos hacia Yaundé, una procesión incesante de caminantes, cada uno con su vida, con sus ilusiones, con su peso a cuestas…

Siempre me ha gustado pensar qué hubiera sido mi vida si hubiera nacido en la piel de otra persona, en otras circunstancias o en otro tiempo…

La carretera es para mí un lugar ideal para esta contemplación, para dar gracias por lo que soy, para sentirme hermano de los demás.

Y, en el camino, recuerdo los hermosos versos de Pedro Casaldáliga:

“Y llegaré de noche
con el gozoso espanto
de ver
por fin
que anduve
día a día
sobre la misma palma
de Tu mano…”

Toumi

Después de pasar la noche en Bamendjou, y tras comernos un maravilloso desayuno preparado por Judith, la cocinera de la comunidad escolapia, el P. Steven Verla nos mostró a sus perros (les han asaltado los ladrones varias veces) y el Centro Calasanz donde, entre otras cosas, tienen un taller de vestimentas litúrgicas que da trabajo a un par de personas.

Luego fuimos a visitar a las dominicas de Toumi, con quienes me une un lazo especial. Cuando ellas llegaron aquí, en julio de 2001, el país estaba en las “villes mortes” o “ciudades fantasmas), una huelga general salvaje que impedía a todos desplazarse de día por las carreteras de lunes a viernes. El objetivo era forzar la democratización del país. Yo me encontraba en Duala cuando una hermana española me pidió que la ayudase a recibir en el aeropuerto a las diez monjas que venían a fundar a Toumi, un monasterio situado a diez minutos de los escolapios de Bamendjou. Organizamos el transporte y viajamos toda la noche. El monasterio se fundó con una Salve a las tres de la madrugada, hora de nuestra llegada…

Desde entonces me llaman su “ángel guardián”. Esta vez me tocó, más bien, ser ángel Gabriel: no les funcionaba el correo electrónico y tuve que arreglárselo mientras Sara hacía las delicias de las hermanas María (Puerto Rico), Marta y Cristina (Angola) haciéndoles todo tipo de preguntas, empezando con el tema de la reja, algo anacrónico que en algún monasterio todavía subsiste.

Como en todo monasterio africano, la dificultad principal es la autofinanciación. Estas monjas fabrican una leche enriquecida para niños enfermos que venden a hospitales y algunos otros productos, pero no les da para vivir a la docena de hermanas sin recibir la ayuda solidaria de la federación de monasterios a la que pertenecen.

Para resolver el problema del corre, tuvimos que llamar a Puerto Rico, donde la priora marchó hace dos semanas por razones médicas, para que nos corroborara cuál era la clave… ¡Les faltaba un número! Y es que, en el mundo digital, a diferencia del espiritual, no hay misericordia: cada tilde cuenta.

Adiós, hermanos

El sábado vino a vernos la hermana Valsa, religiosa india de Santa Ana y amiga nuestra. Por la noche tuvimos la última cena con la comunidad, Ángel Valenzuela (que volvió de vacaciones hace un par de semanas), las calasancias y los hermanitos de Jesús (el Hno. Ventura estaba visitando a Isidore tras un encuentro en Foumban). La velada incluyó canciones de los sesenta de cuando Isidore fue novicio en Farlete. Él se acuerda de una canción que debía sonar surrealista en pleno Monegros ya que habla de bomberos: “¿La escalera dónde está, dónde está la manguera? No perdamos el control…” La fiesta acabó con la visita de la selección nacional de Camerún: ¡Marta y Eulalia les regalaron a los niños la camiseta y el pantalón de fútbol!

El domingo, tras la misa de la mañana en Mbelewa y el saludo a la comunidad de Menteh, hemos emprendido nuestro viaje final de vuelta a casa. Nos ha costado a todos despedirnos de nuestros amigos y, sobre todo, decir adiós a Romeo Romeo Nghemteu y Jude Rauch, que han sido nuestros hermanos durante estos dos meses aquí. “Mamá Susana marcha y con ella queda un gran hueco en la casa”, nos decía Romeo… También echaremos de menos a Kizito, que se fue hace dos semanas a hacer unas prácticas de sus estudios de veterinaria.

Atrás queda, para mí, el tañido de la llanta de camión con la que el catequista nos ha despertado cada día a las cinco de la mañana y la misa de las seis en la iglesia de Menteh. Atrás quedan las decenas de conversaciones con hermanos y hermanas que han venido a verme. Por delante, todo el camino que hemos reabierto, todos los proyectos en los que colaboraremos, toda la amistad nueva o renovada por vivir.

Gracias, Señor. Consérvanos en la comunión de los santos.